Todas las formas del tiempo
Desde 1999, durante dos años, el Raval estuvo sometido a un espectacular proceso de transformación urbanística. Manzanas enteras del barrio más marginal y a la vez más popular del casco antiguo barcelonés, el viejo Chino de las pensiones de prostitutas, fueron arrasadas por grúas y albañiles especializados en derribos. Callejuelas estrechas desaparecieron por completo. Centenares de viejos edificios insalubres quedaron convertidos en montañas de escombros, montones inacabables de ladrillos y amasijos de hierros. En su lugar apareció una nueva rambla con palmeras y pisos por estrenar.