El sentido político de la marginación
1. Los marginados, ¿factor de humanización?
¿Cómo es posible que el contacto con los marginados, con aquellos que, de entrada, se nos presentan como los «deshumanizados», sea una «fuente de humanización» para nosotros, los no marginados, los que teóricamente «pertenecemos» al sistema? Decimos «deshumanizados» en el sentido de que carecen de autoestima, de medios materiales o de equilibrio personal hasta extremos que les inhabilitan para valerse por sus propios medios, impidiéndoles desarrollar verdaderamente sus potencialidades y responsabilizarse de sus propias vidas. Quizá nos equivocamos, ya de entrada, con esta calificación. Sin embargo, mantengamos la pregunta e intentemos desvelar la contradicción que nos presenta -los deshumanizados humanizan-, porque ahí se encierra el sentido y el valor de la experiencia de la marginación.
No decimos que nos humanicen o nos liberen, en el sentido de que sean maestros espirituales, ni que sean ejemplos a seguir. Nos humanizan precisamente porque son nuestros contrarios, nuestro reverso. Si no hubiera error en nuestras vidas, en los contenidos que hemos dado a nuestra libertad, en la escala de valores de nuestra sociedad, no existirían estos opuestos. Pero entonces tampoco haría falta que fuéramos liberados de nada ni por nadie. Los marginados, sin techo, sin más capacidad muchas veces que su mera supervivencia, son nuestros opuestos. Ver a un indigente tumbado en una acera es la prueba fehaciente de que hay algo en nuestra sociedad que es un error.