Un Rosario de deudas

Yo creo en la comunión de los santos o, como me cuentan que lo llamaba Rosario en estos últimos tiempos, en la “comunión del cielo y de la tierra”. Por este motivo, cuando mueren amigos o amigas importantes para mí -como en este caso- se me hace muy difícil escribir sobre ellos. No solo porque corro el riesgo de escribir como si ya no estuvieran, cuando mi fe me dice que siguen estando aunque de otra manera. Mi apuro es principalmente de otro género: si cuando los tenía al lado en carne y hueso me hubiera avergonzado un poco escribir sobre ellos por cuál pudiera ser su reacción al leerlo, este apuro se me mantiene intacto ahora que su presencia es de otro tipo. “¿Qué va a pensar Rosario desde el cielo de lo que yo pueda decir sobre ella en este número especial de homenaje?”, me pregunto. Y la pregunta me produce exactamente la misma inquietud que sentiría si tuviera que escribir un artículo sobre Rosario estando ella en vida terrenal.

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