El cuento de los señores de nuestras vidas

Había una vez en Europa un sistema económico llamado capitalista, en el cual todos pensaban que los mercados financieros cumplían aquella función para la cual están socialmente legitimados: proporcionar financiación a las empresas para que éstas puedan generar riqueza y crear ocupación. Mientras la economía de los países europeos prosperaba, el PIB crecía, el paro disminuía y los ingresos de algunos estados (como el español) aumentaban hasta generar un importante superávit, nadie reparaba en la verdadera naturaleza de estos mercados financieros. Y, por lo tanto, nadie sentía la necesidad de controlarlos, regularlos u obligarlos a hacer aquello que teóricamente les corresponde.

1. Pero un día todo se hundió

Un buen (mal) día, sin embargo, los mercados financieros mostraron su verdadera cara: durante años habían estado alimentando de un modo irresponsable una gigantesca burbuja especulativa que explotó estrepitosamente. La explosión se oyó en todo el mundo, y el sistema capitalista (mundial)cayó precipitadamente en la crisis más profunda desde el crack financiero del 29. Sí, aquel otro crack que ochenta años atrás había provocado el empobrecimiento masivo de las clases medias y había abierto las puertas a la llegada del fascismo.

El cuento de los señores de nuestras vidas

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