El alma de Europa
“Un suplemento de alma para Europa” reivindicaba Jacques Delors en los días del acuerdo para la creación del euro. El proceso de unificación europea había nacido en la posguerra para una causa tan alta como la de garantizar la paz e impedir que nunca más se repitiera en el continente un episodio como el nazismo. ¿Pura mística? Quizá no. Pero en cualquier caso la Europa de los “padres fundadores” tenía un espíritu que era el motor último de la integración. Durante estos últimos años previos a la unión monetaria, en cambio, Ia Union Europea parece haberse convertido en un proyecto meramente tecnocrático, sin otro objetivo que garantizar el nivel de vida material de una sociedad que a menudo diríase incapaz de entregarse a otra vocación que no sea la del consumismo.